|
No es un signo de vanidad por parte del fundador el que estando ya ordenado solicitara para sí la rehabilitación de un título nobiliario, más aún cuando ni siquiera le correspondía por línea directa? Según conozco, casi todos los que entran en religión renuncian a sus titulos - si los tuvieren - y honores mundanos. Por otra parte : el cambio de los apellidos por otros más pomposos y rimbombantes ¿ no resulta también poco humilde? Un cordial saludo,
Hay que reconocer que ese asunto del marquesado suena raro y es difícil de explicar.
Personalmente creo que hay que empezar por tener una mente abierta. A mí me parece una soberana gilipollez mover un dedo o perder un segundo en hacerse con un título nobiliario, ya sea el Ducado de Alba. Pero cuando digo que hay que tener la mente abierta me refiero a que hay que ser tolerante, porque hay personas que le dan importancia a esas cosas, aunque no lo podamos entender. Yo conozco a más de uno que le das a elegir entre un millón de euros y un título, y se queda con el título, que lo único que le sirve es para ponerlo en las tarjetas de visita y en la esquela cuando se muera, porque a ver quien es el carca que le llama señor marqués, con la que está cayendo. Sin embargo, es respetable, de la misma manera que también conozco a más de uno que pierde la dignidad insultándole a la televisión, y a la madre de la televisión, porque en esta se recogen las imágenes de veintidós seres semidesnudos que persiguen un trozo de cuero y no tienen ******* de romperlo.
El caso es que por lo que se ve, Santiago, el hermano de San Josemaría, era de los que le dan importancia a esas cosas, y al parecer, hubo alguien que se encontró con ese marquesado que podía ser rehabilitado en favor de San Josemaría, que era el mayor de los varones, de acuerdo a la legislación de entonces. Después de darle muchas vueltas, precisamente porque era consciente del revuelo que se iba a montar, accedió, con la idea de cedérselo a su hermano, reteniéndolo el tiempo imprescindible.
En otra ocasión podemos hablar de los motivos por los que quiso hacer esto, que da para un hilo entero.
En cuanto a lo del nombre, no sé dónde vivirás, pero en Pamplona uno alucina con los nombre que le pone el paisanaje a sus hijos, nombres que jamás llevarán por delante una doña o un don, porque se pongan como se pongan, me niego a llamar a nadie Dª Jodeia, como una que conocí el otro día, de la cual uno espera que sea de apellido Pegaia Mataia. Y es que si a algo tiene uno derecho es a llamarse como le dé la gana. ¿O no?
Un abrazo,
Trackback(0)
 |